Christopher Robin, y como un hombre regresa a su niñez

El sol siempre ha de brillar cuando Christopher Robin viene a jugar”, aunque en está ocasión Christopher Robin ha crecido y ha olvidado los dulces recuerdos de la niñez junto a sus amiguitos en el Bosque de los Cien Acres. Y no, no nos encontramos ante un remake de acción real, como a tantos otros nos ha acostumbrado Disney, no. En realidad sería una secuela, un capítulo más de las historias de Winnie the Pooh.

Lo que viene a contarnos Christopher Robin no es nada nuevo, lo hemos visto anteriormente en Hook (Robin Williams). Nos presentan a un hombre que con el paso del tiempo crece y madura, hasta el punto de que pierde ese espíritu mágico y se vuelve una persona fría y con pocos sentimientos que se centra más en el trabajo que en la familia. Entonces su pasado regresa para llamar a su puerta y recordarle quien es en realidad. Sólo tenemos que echar un vistazo rápido a la sinopsis:

Christopher Robin Crítica

Sinopsis de Christopher Robin

El pequeño Christopher Robin, quien junto a sus amigos de peluche vivía innumerables aventuras en el Bosque de los Cien Acres ha crecido, y ha perdido el rumbo. El hijo del creador de Winnie The Pooh es un padre de familia cuyo trabajo le tiene absorto en un sinfín de responsabilidades y duras decisiones que tomar. Es tanta atención la que le demanda el trabajo, que deja de lado a su familia, y es cuando más perdido está que recibe de forma inesperada la visita de Pooh. El pequeño oso le ayudará a recordar al niño jugueton y cariñoso que aún lleva dentro.

En si la historia es extremadamente sencilla, de hecho una vez nos muestran cómo ha ido desarrollándose la vida de nuestro protagonista, tarda casi una hora en entrar en escena a los habitantes del Bosque de los Cien Acres. Pese a ello nos encontramos ante una película familiar que seguramente funcione, aunque no habría estado de más añadir algún que otro elemento narrativo o giro de dramático.

La imagen y la técnica

Puede ser que para algunos la estética de los personajes: Pooh, Tigger, Piglet, etc. no termine de convencer al principio pero después estás más que contento con el resultado, ya que todos son prácticamente muñecos de peluche, excepto Búho y Conejo ¿Por qué? Esto se debe a que los personajes están inspirados en los peluches que tenía de pequeño Christopher Robin Milne, y claro, entre ellos no había ni conejo ni búho. Es por ello que estos personajes tienen una estética realista.

Cada uno de los personajes son físicos, reales, solo que para darle el movimiento a la cara en algunas escenas y en otras al muñeco entero, se servían del CGI. Pero sin duda algo interesante que hay que mencionar es como hacen el contraste de los escenarios mediante el color. Cuando nos encontramos con el Christopher Robin adulto: Londres, la estación, el trabajo… en ellos hay un enorme predominio del gris, dando a entender que en el mundo adulto funcionamos como máquinas, hay seriedad y falta tiempo para disfrutar, jugar. Pero cuando regresan al Bosque de los Cien Acres regresan los colores y podemos percibir la calidez que tratan de transmitirnos.

No obstante no se trata de una película del otro mundo, cuenta con un guión y estética sencillos dónde sin duda el mejor de toda la película es Igor. A pesar de que su personalidad responde a la depresión, es el que más humor aporta a la historia. Sí, ya sé que puede sonar contradictorio pero os invito a que la veáis. Al fin y al cabo resulta entretenida aunque le cuesta un poco arrancar a la parte más “activa” y te deja con ganas de más. ¿Habrá secuela? Sólo nos queda esperar.

Christopher Robin Crítica

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